Hijos de la web
Posteado el 2008 en Educación 2.0 |
No hay nada que los atrape más. Ni los deportes, ni las salidas, ni las vacaciones parecen ser una alternativa atractiva para los hijos de la Web. Su pasión transcurre únicamente a través de una pantalla que, a modo hipnotizador, los sumerge en un mundo diferente, pero no por eso negativo. Los padres, desorientados y con los recursos ya agotados, buscan desconectarlos de ese espacio virtual para traerlos, en cambio, al mundo real. Sin embargo, los incesantes intentos resultan en su mayorÃa frustrados. Esta preocupación fue lo que impulsó a Gabriela Alfie a escribir Cyberpadres, un libro que propone distintas variantes y pautas para que los adultos se interioricen en el tema y capaciten a sus hijos en el uso positivo de Internet, previniéndolos al mismo tiempo de los excesos y los múltiples peligros que sobreabundan en
“Internet no es un mundo para ingenuos” , sostiene la docente y especialista en informática educativa, tras explicar que muchas veces los padres suponen que proporcionarle una PC a su hijo es sinónimo de inteligencia y rapidez. “Muchos adultos desconcertados piensan que es mejor que los chicos estén dentro del hogar con una computadora y no en la calle con los riesgos que hay. No obstante, se encuentran con que en Internet también existen otros peligros que tienen que ver con el acceso a contenido de adultos, falsificación de identidades por parte de navegantes desconocidos, intercambio de información confidencial, pedofilia, entre otros”. Por eso considera que los padres y maestros deben familiarizarse con el uso de Internet.
Uso desmedido e innecesario de
-¿La tecnologÃa puede perjudicar a los chicos?
No. Arruina si no se usa de forma apropiada. De lo contrario, tiene múltiples ventajas. El tema pasa por no dejarlos librados al azar porque, si bien son nativos digitales, desconocen las conductas que tienen que adoptar frente a determinados sucesos que acontecen en
-¿El MSN suplanta la reunión social?
Es mucho más fácil vincularse con otro evadiendo todo lo que implica una comunicación cara a cara, el compromiso de tener que mirar al otro a los ojos. En el chat, eso no existe: cuando querés te conectás, sin dar explicaciones. Las personas tÃmidas encuentran en esta vÃa una forma más cómoda de comunicarse. No es una mala alternativa, pero si va acompañada de la otra. Cuando el único contacto que se establece es el virtual, es cuando los padres deben intervenir en el asunto y replantearse porqué el adolescente se está refugiando de esa manera. Esto, incluso, suele pasar con los adultos.
-¿Cuán dificultoso es para los padres desprender a sus hijos de la fascinación que les provoca Internet cuando ellos también son partÃcipes de ese mundo?
Es negativo cuando los padres están muy conectados y, sin darse cuenta, utilizan como única forma de contacto con sus hijos la alternativa virtual. Por ejemplo, un chico me contó que el padre llegaba a su casa del trabajo, abrÃa la notebook para seguir trabajando y como él estaba en su cuarto con los videojuegos, se comunicaban por el MSN estando en la misma casa. Si esto se transforma en un hábito, se estarÃan digitalizando los vÃnculos.
-En este contexto, ¿cómo describirÃas el fenómeno de los juegos en red?
Es un fenómeno espectacular que te sumerge en un mundo donde se puede interactuar y ser partÃcipe directo de lo que está aconteciendo, a diferencia de la televisión o el cine. Lo ideal es que los padres se sienten a ver cómo es el videojuego y que ayuden a sus hijos a desarrollar el sentido crÃtico, ya que muchas veces nos quieren vender productos o mensajes a través de las imágenes. Por eso es que hay que enseñarles a ver más allá de lo obvio, para que no sean vÃctimas pasivas del marketing encubierto. Se les debe enseñar a leer entrelÃneas. Tienen que lograr que sus hijos sean usuarios crÃticos de las nuevas tecnologÃas.
-¿Por qué los padres están desorientados en esta temática?
A veces piensan que es positivo que manejen las nuevas tecnologÃas con naturalidad y, otras, creen que el hecho de que las usen tan bien, les resta autoridad. Se expande el mito de que el mundo de la informática pertenece a los chicos. Los padres suponen erróneamente que sus hijos saben mucho más que ellos. A su vez, los chicos se sienten más poderosos y libres en


















